Los días traen tesoros... sigan el rastro colorao. Con Imagen Imposible incluida.
LA ÚLTIMA CARAVANA
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AUTORREGALOS
A uno ya empieza a quedarle únicamente la vía de los Autorregalos... ¿Cuáles? Siguiendo el rastro colorao...
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LOS ÁRBOLES MUEREN DE PIE
Hablemos de libros con sentido. Hablemos de "Los árboles mueren de pie" de Alejandro Casona.
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CUAVERSOS VIAJEROS
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CUAVERSOS JULIANOS
Hoy es un miércoles especial. Claro. Toca hablar en verso. De poesía. Tenía preparado un puñado de horrorosos ripios para ustedes, pero la actualidad manda.
Y la actualidad nos lleva, por un lado, a la sección Vivir de IDEAL, donde encontramos este reportaje, escrito por un servidor, con la colaboración de muchos de ustedes: Entre los bytes y los libros. En él hablamos de esto: Liblogs, Cuaversos, las 200 palabras...
Pero es que, además, mi amigo Ignacio me pasa esta sentida “Carta a Julia” (Mi no ahijada), creo que, sin saber, que el de Julia es un nombre muy, muy importante en vida.
Así que, mis ripios pueden esperar. Hoy, miércoles de poesía, les dejo con esta especialísima Carta a Julia, dedicada a todas las Julias de mi vida.
Carta a Julia (Mi no ahijada)
Me dice tu madre que te escriba,
más que nada porque sepas algo de mí.
Tu padre eligió mal a tu padrino.
No se lo reproches.
Cuando se bebe y se fuma
como él y yo lo hacíamos,
dándolo todo,
se dicen muchas tonterías.
Y aquel cava -de 1,51 euros la botella-
nos envenenó para siempre.
Pero tu madre tiene razón.
He de escribirte, al menos,
para que sepas algo de mí,
nada nuevo que tu padre,
en las primeras cañas que con él
tomabas, te contara a escondidas.
Cuando pienso en ti,
y créeme que lo hago,
sostengo que a los dos nos separan diferentes caminos
y mientras tú disfrutas viajando
-se supone que para aprender idiomas-,
yo me siento a esperar que se pase mi propio aburrimiento.
Malvivo, duermo poco, bebo y fumo a destajo
para olvidar qué aprisa pasa el tiempo.
Yo, querida Julia, al menos,
pienso cada vez más,
y siento cada vez menos
y con los años
nada parece ser que era
tal como yo lo quise
cuando mi edad primera.
Tu padre tiene razón,
aunque yo en aquellas noches de entonces
tratara de disuadirlo:
la vida es una mierda.
No quiero, sin embargo,
que pienses que de nuevo
oigo las mismas notas sombrías.
Ya me atrevo a salir más allá
de estas cuatro paredes
donde estuve tantos años
enredando en las redes del alma,
herido en la conciencia, ahogado en su profundo
fondo de mar.
Y a flote salí, o eso creo,
o eso dije para convencer
a tantos loqueros que me trataron,
que el tiempo, si te sirve,
cura la ansiedad, la desgana,
el miedo y la locura.
Y ya que nada tiene respuesta,
no pregunto.
Al fin todo pasó.
Y ahora, paso a otro asunto.
Ya se por tu padre
que le distes calabazas a Antonio David
y que por ello entró en depresión.
Lo que no sé es si sus padres siguen juntos o separados,
qué mas da, ¿no?
Hace frío. Desnudan sus árboles sus hojas de oro viejo,
y si llueve huele a campo e infancia.
Ya la tarde es más breve y más larga la noche.
Y yo, como siempre, en el aeropuerto,
en los cines, en las esquinas, dentro de mí siento
que algo raro me aprieta el corazón y busco,
detrás de la careta el rostro y, tras el rostro,
una certeza, un sueño, algo que sé que no es nada.
Ya no trabajo, como sabes, todo lo dejé.
Vivo de recuerdos. Esos que construían un mundo
que era una mierda, sin saber que no era verdad.
Que la mierda de mundo vendría después.
Eso sí, escribo. Tonterías. Muchas tonterías.
Mientras tanto pretendo no hacer nada:
vivir sin hacer nada, que es para lo que valgo
y es para mí la única manera de hacer algo.
Echo de menos a tu padre, pero no se lo digas.
Donde estarán -me pregunto-
las noches salvajes de ayer.
No salgo fuera, ni quiero hacer viajes,
no porque aquí esté bien, sino porque cansado,
aquí me encuentro igual de mal que en otro lado.
En fin, que vivo como si no existiera.
Y con esto ya acabo.
Mis mejores deseos
te mando.
Y ven cuando quieras.
Acompañada, por supuesto que puedes,
no se lo diré a mamá,
pero a papá nada puedo ocultarle.
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PACO IGNACIO TAIBO I
Llegué, por tanto, a Alburquerque, a la búsqueda del poeta Ángel González...”
La primera vez que fui a Semana Negra, cenando en la estación de Chamartín, coincidí junto un señor cuya provecta edad era directamente proporcional a su vitalismo, entusiasmo y buen humor.
Tenía un bigote más fino, pero se llamaba, también, Paco Ignacio. Y era Taibo. El I. El primero. El Number One. Yo, reconozco, me senté a aquella mesa queriendo haber estado junto a PIT II, mi ídolo literario, mi escritor de cabecera, padre de Olga Lavanderos y del Jefe Fierro, autor de “Sombra de la sombra” o “La bicicleta de Leonardo”.
Y, sin embargo, la suerte me cruzó con otro Taibo, con el que pasé una gloriosa velada, escuchando hablar de viajes, poesía, libros... y ciclismo. Porque el PIT I periodista había cubierto muchas el Tour de Francia: “Tourmalet. El Tour de Francia pasa por una cumbre que a mí, tan poco afecto a los sentimentalismos geográficos, me produce un escalofrío entre helado y doloroso... el Tourmalet no es tanto una montaña como una maldición.”
Es cierto. Primero vi a PIT II y justo después abracé a Justo Vasco. Pero mi primera conversación en Semana Negra, la primera de esas charlas que confieren al Festival Multicultural más importante de Europa su auténtica esencia y razón de ser, la sostuve con PIT I. O, mejor dicho, él tuvo la deferencia y yo la inmensa suerte de poder escuchar la sabiduría y el inmenso caudal de experiencias vitales acumuladas por un hombre mayor, divertido, ingenioso y extraordinario contador de historias.
Hoy, 13 de noviembre, día de felicidades fraternas, se ha convertido, también, en día de luto.
Y por eso voy a mi biblioteca y rescato esas “Ocurrencias. Notas de viajes” de Paco Ignacio Taibo I, que comienzan de una forma tan magistralmente sencilla:
“Esto que sigue son ocurrencias.
A mucha gente se le ocurren ocurrencias.
Algunos, por pudor, las ocultan.
Otros, por negligencia, las olvidan.
Algunos no tienen ocurrencias.
Para el Diccionario de la Lengua Castellana,
de la Real Academia Española, edición de
1780, ocurrencia es encuentro, suceso casual,
ocasión, coyuntura.
Todo esto bien pueden ser estas ocurrencias,
también.
Nacieron en la sección de Cultura de El Universal.
A pesar de ser solamente ocurrencias, me dio pena
dejarlas morir.”
Por ejemplo, ésta: “Madrid. No conozco otra ciudad tan dada a la vida sin sueño, tan abierta a gozar hoy lo que los hombres de ayer no podían ni soñar con gozarlo. Yo diría que el hombre y la mujer que viven en Madrid, viven tres o cuatro veces más que los que habitan en otros lugares del planeta.”
Exactamente como tú, Maestro.
Buen viaje, Pata de Perro.
Jesús Lens.
Etiquetas: Literatura, Miscelánea, Semana Negra
LUIS GARCÍA MONTERO
Pero esa historia ya la conocen.
El caso es que, aunque sólo fuera por cercanía y conocimiento, en el affaire Fortes-Luis García Montero, me alinearía con éste, por supuesto.
Pero es que, además, parece que Fortes no ha negado, en ningún momento, el haberse convertido en la mosca cojonera de Luis, dándole matraca siempre que ha podido: en clase, en las reuniones de departamento de la facultad, en charlas informales, etcétera. Y, hablo con conocimiento de causa: me resulta de lo más fácil y sencillo entender lo que supone llegar a estar envenenado por la vileza de las envidias y miserias de la vida universitaria granadina.
Ya hemos leído, además, que a Andrés Neuman, otro reputado y reconocido literato, le ha tocado lo suyo. Y es que seguimos viviendo en una ciudad en la que, a quien saca mínimamente la cabeza, se le corta. O, al menos, se le intenta cortar. Y, de no ser posible, se le apedrea. O, como mínimo, se le llena de barro.
¿Será la mala follá? No. Más bien en cainismo propio de una Granada que disfruta devorando a sus hijos.
Hoy, al abrir el periódico y leer los titulares sobre la marcha de Luis García Montero, me ha invadido un hondo pesar. No porque su “exilio” me afecte personalmente ya que, a fin de cuentas, este verano nos volveremos a tomar una copa en la terraza del Don Manuel, sino por el empobrecimiento que supone para la Universidad y sus alumnos.
Sí. Luis García Montero es un buen profesor. Así me lo decía Gracia, que lo tuvo hace unos años en Filología. Así lo ha reconocido el propio Neuman. Uno de los mejores. Ahora, una excedencia privará a la Facultad de Letras del privilegio de contar como docente con un poeta que, más allá de las estrechas fronteras provinciales y provincianas, ha ganado todos los premios de poesía que se pueden ganar.
La burocracia más gris y anodina vuelve a derrotar, una vez más, al calor del genio y el talento.
No sé si Fortes será o no buen profesor. No tengo ni idea de si será un demente, un perturbado o un alucinado. Pero, créanme, el hecho de que haya provocado la marcha de Luis García Montero de la Universidad de Granada hace que, personalmente, le haya cogido manía y animadversión. Y, como ciudadano de Granada, hoy me siento un poco más pobre y más miserable que ayer. Una pena, tener que dedicar el final de este miércoles de Cuaversos poéticos a este tema.
Aunque tampoco sé de qué me extraño. A fin de cuentas, Granada siempre pierde. ¿O no?
.
Encuesta de urgencia en la Margen Derecha y, a través de este enlace, Manifiesto de Apoyo a Luis. O mandando un mail a apoyoaluisgarciamontero@gmail.com con el nombre y el DNI.
Jesús Lens Espinosa de los Monteros.
Etiquetas: luis garcía montero, poesía, premios, literatura, fortes, facha, perturbado, vergüenza
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CADENA DE AUTORES

Un abecedario. Veintiocho letras. Y un puñado de autores. Sé que parece fácil, pero me pasé un buen rato buceando entre libros. Habrá imperdonables ausencias, pero las iremos subsanando.

Amigos internautas, ¡anímense con su propia Cadena de Autores!
A.- Paul Auster y Raúl Argemí
B.- Lawrence Block, Juan Ramón Biedma, Paul Bowles, Ed Brubaker, Charles Bukowski
C.- Álvaro Cunqueiro, Michael Connelly
CH.- Raymond Chandler, Mohammed Chukri
D.- Fiedor Dostoievsky, Isak Dinesen
E.- James Ellroy

Oyola y Salem
F.- Dan Fesperman
G.- Francisco González Ledesma, Eduardo Galeano.
H.- Ernest Hemingway, Dashiell Hammett, Chester Himes, Patricia Highsmith
I.- Jean-Claude Izzo
J.- Thierry Jonquet
K.- Ryszard Kapuscinski, Yasmina Khadra, Yaser Kemal
L.- Lorenzo Lunar, Antonio Lozano, Manu Leguineche, Bartolomé Leal
M.- Dominique Manotti, Andreu Martín, Alan Moore, Frank Miller, Álvaro Mutis
N.- Cees Noteboom
O.- Leonardo Oyola, Guillermo Orsi

Justo Vasco y Guillermo Orsi
P.- Leonardo Padura, Edgar Alan Poe
Q.- Se Admiten Sugerencias
R.- Javier Reverte
S.- Carlos Salem, Luis Sepúlveda, Lorenzo Silva
T.- Paco Ignacio Taibo II, Jim Thompson
U.- ¿No hay ningún autor con U?
Paco Ignacio Taibo II
V.- Amir Valle, Vila Matas, Manuel Villar Raso, Manuel Vázquez Montalbán, Justo Vasco
W.- Tom Wolfe
X.- Qiu Xialong
Y.- ¿y? ¿y?
Z.- Emile Zola
Jesús Lens.
Etiquetas: Literatura
CUAVERSOS: NUNCA CAMINARÁS SOLO
Y, precisamente, por estar muy españolizado y por jugar contra el Atlético de Madrid, el equipo más poético de nuestro fútbol, hoy se habla mucho del mítico Liverpool inglés.
Un club que se ha hecho famoso, además de por sus títulos, sus goles y su juego, por un himno. El célebre “You´ll never walk alone”.
Nunca caminarás solo.
Se trata de una canción compuesta por Richard Rodgers y Oscar Hammerstain II para su musical “Carrusel”, representado primero en Broadway y convertido posteriormente en película.
La canción fue aclamada, sobre todo, en la II Guerra Mundial, cuando la gente recordaba a sus familiares, movilizados en los campos de batalla de medio mundo, no en vano, la letra insiste en que siempre habrá a nuestro lado un amigo en el que apoyarnos, aunque todo vaya mal.
Cantada por artistas como Frank Sinatra o Elvis Presley, “Nunca caminarás solo” fue grabada por Gerry & The Peacemakers, un grupo de barrio de Liverpool en 1960, escalando hasta el número 1 de las listas, donde permaneció muchas semanas. Los aficionados del Liverpool la hicieron suya y, desde entonces, la cantan antes de todos los partidos, para animar y apoyar a sus jugadores.
Impresiona, escuchar a la afición de los Reds, en Anfield, todos a una, gritar a voz en grito esta canción:
When you walk through a storm,
Hold your head up high,
And don’t be afraid of the dark.
At the end of a storm,
There’s a golden sky,
And the sweet silver song of a lark.
Walk on through the wind,
walk on through the rain,
Though your dreams be tossed and blown..
Walk on, walk on, with hope in your heart,
And you’ll never walk alone.
You’ll never walk alone.
Walk on, walk on, with hope in your heart,
And you’ll never walk alone.
You’ll never walk alone.
Una traducción libre podría ser ésta:
Cuando camines atravesando una tormenta
Mantén bien alta la cabeza
Y no te preocupes por la oscuridad.
Al final de la tormenta
Hay un cielo dorado
Y el dulce y argénteo canto de una alondra.
Camina a través del viento,
Camina a través de la lluvia.
Aunque tus sueños se vean sacudidos y golpeados,
Sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazón.
Y jamás caminarás solo.
Nunca caminarás solo.
Sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazón
Y jamás caminarás solo.
Nunca caminarás solo.
¿Es o no es poesía? No lo sé.
Personalmente, me gusta y me emociona. Por el público enfervorizado, claro que sí. Pero también por la rotundidad de esa declaración de amistad.
Me gusta creer en ese estribillo.
Y pronto, muy pronto, volveremos a hablar de ello.
Porque hoy, marchamos.
Y, si me permiten, vuelto a parafrasear a Luis García Montero que, en “Vista cansada”, tiene un poema titulado “Domingo por la tarde” que termina con la siguiente estrofa:
“No conviene que demos a estas cosas
un valor excesivo.
Son noventa minutos en un vaso de agua.
Pero a mí me han quitado muchas veces la sed.”
Jesús Lens Espinosa de los Monteros.
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CUAVERSOS DE BITÁCORA
Como sabéis, la iniciativa de los Liblogs está funcionando muy bien. Así que, nos preguntamos ¿por qué no vamos un paso más allá, mezclando esto del Internet con los libros, la literatura y la creación literaria?
Tal y como propone Bomarzo, vamos a dedicar un día a la semana, en concreto los miércoles, a la poesía. Y, como en los Liblogs, lo haremos de la forma más sencilla: cada uno subirá una entrada que contenga un puñado de versos.
Pueden ser de fabricación propia o totalmente ajenos. De poetas famosos, inéditos, vivos o muertos. Admirados, reverenciados, odiados o detestados.

Lo importante: que los miércoles, en esta parte de la blogosfera, se lea un poquito en verso. El ejemplo de Ángel González de este fin de semana nos demuestra que hay hambre de poesía.
Y quién (todavía) no tenga Blog, que prepare sus versos para los comentarios de las bitácoras de los demás. O que provea de versos a los dueños de las mismas.

El caso es, los miércoles, fomentar estos atractivos “Cuaversos de Bitácora”.
Amigos, ¡anímense!
Ya saben. Los miércoles ¡Versea, versea!
Jesús Lens, recogiendo el guante de Bomarzo.
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YA SÓLO HABLA DE AMOR
Aunque llegue a nosotros
Como revelación inesperada
De una tarde que juega con la lluvia.
Luis García Montero.
Vista cansada.
Ray Loriga es un tipo con buena prensa. Y con mejor imagen. Siendo uno de los malditos de nuestra literatura, francotirador, outsider y demás calificativos que lo emparentan con los narradores norteamericanos más vanguardistas; cae bien. Se le respeta.

Personalmente, también me gusta Loriga. Su imagen. Su apuesta por una literatura distinta y a contracorriente. Y su valentía por dar un salto en el vacío y lanzarse a rodar una película como “La pistola de mi hermano”.

De hecho, todavía recuerdo el arranque de su novela “Lo peor de todo”, hablando de aquellas cruces que teníamos que hacer en las clases de plástica, con las pinzas de madera de la ropa. Generacional y literariamente, conectaba con Loriga. ¡Coño, no sólo eso sino que le admiraba y le envidiaba!
Además, estaba casado con Cristina Rosenvinge, una cantante, músico y presentadora de televisión muy atractiva que, de formar parte del dúo infantil Alex y Cristina, evolucionó hacia una música madura, interesante, adictiva.

Toda esta introducción viene a cuenta de que, cuando vi que Ray Loriga había publicado una nueva novela, titulada “Ya sólo habla de amor”, y que estaba motivada/inspirada en su separación de Cristina, pensé que ésa era mi novela para estos momentos, exactamente el libro que, por razones personales, debería de leer.
Apuré las páginas que me quedaban de “Bomarzo” y le metí mano a esta “Ya sólo habla de amor”, esperando encontrar un pedazo del alma rota de un escritor al que me siento muy vinculado. Esperaba, en su prosa, trozos de la realidad que me viene rodeando estas semanas. Estaba seguro de que habría una indudable identificación con los personajes, sus situaciones vitales, sus angustias, sus anhelos.

Estos meses, mis amigos cercanos lo pueden acreditar, soy una pésima compañía. Procuro evitar a la gente, para que ellos no terminen evitándome a mí. Y pensé que, en la prosa de Loriga, iba a encontrar una buena aliada con la que compartir penas, tristezas y lamentos, hablándonos de tú a tú.
Pero no. La decepción ha sido mayúscula. Aunque la novela arranca bien, con ese personaje que, solo y abandonado, sólo habla de amor; pronto se va deslizando por una pendiente que no me gusta nada, en una especie de tono lastimero sin la más mínima grandeza. Yo esperaba encontrarme con los personajes de las canciones de Tom Waits y, sin embargo, me topo con un remedo de Ignatius Really, patético, pero sin majestuosidad alguna. Esperaba coincidir con barflys aniquilados por las circunstancias de la vida, pero lúcidos e interesantes, lamiéndose unas heridas en vías de convertirse en cicatrices.
Y no. Sebastián, el protagonista de la novela, es un pijo venido a menos, huidizo, escurridizo y carente de todo interés. ¿Será que todos los que ya sólo hablan de amor son igual de aburridos y poco atractivos? Es posible. Y quizá, por eso, no me ha gustado la novela. Quizá, a lo mejor, para ser justos, hay que darle una segunda oportunidad en otro momento distinto de la vida.
Jesús Lens Espinosa de los Monteros.
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ÁNGEL
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EL SECRETO DE LOS FLAMENCOS

Me gustan, y mucho, las novelas y las películas que arrancan con el cadáver de un personaje atractivo. Hay que ser muy valiente para empezar matando al protagonista, por mucho que luego recuperemos su vida a través de narraciones o flash backs.
Saber que el protagonista está muerto, desde el principio, hace que el autor tenga que redoblar esfuerzos por hacer que nos enamoremos de él. Porque no es fácil tenerle aprecio a un fiambre. Hay algo que, inconscientemente, nos repele y nos aleja de él. Ponemos barreras y distancias. No queremos cogerle excesivo aprecio ya que, al final, sabemos que terminará desangrado y desmembrado, exánime, en la mesa de un médico forense.

Y, sin embargo, nos enamoramos del difunto Pietro de la Chiesa, el aventajado alumno de Francesco Monterga, que nos permitirá disfrutar de un singular viaje de ida y vuelta entre Florencia y Brujas, dos de las grandes capitales del arte y la creatividad del Renacimiento que, sin embargo, son radicalmente distintas entre sí.

Ustedes saben que los artistas, por geniales que puedan llegar a ser en su trabajo, también son personas. Y su naturaleza humana les hace ser envidiosos, vanidosos, competitivos, crueles y celosos. Sobre todo, de otros artistas que están a su altura o amenazan su reinado.
Es llamativo que, ahora, en este siglo XXI, podemos ir a un museo y extasiarnos con la belleza de un cuadro. Un especialista nos podrá explicar las cualidades del mismo y, por tanto, podremos disfrutar de una extraordinaria experiencia estética. Pero, en la mayoría de los casos, nunca sabremos lo que realmente bullía en la cabeza del artista, cuando daba sus pinceladas en el lienzo.

Y ahí radica la grandeza de “El secreto de los flamencos”. Nos permite entrar en el estudio de los pintores y contemplar el proceso creativo desde dentro, asistiendo a las grandezas, miserias y ruindades que pueden concitarse en torno a la elaboración de un cuadro, en la consecución de un escorzo imposible, del color más luminoso y perdurable.
Y, personalmente, me impactó la descripción de Brujas, la ciudad de la muerte, cerrada a cal y canto, abandonada durante decenas y decenas de años, fantasmal, triste y luctuosa.
“El secreto de los flamencos” es una interesantísima novela en que la pulsión creativa, el genio y las ansias de pasar a la posteridad se dan la mano de una investigación criminal en un Europa del Renacimiento en que el lujo y el oropel de las clases nobles se dan la mano con la miseria más misérrima de los siervos y vasallos. Porque las cosas cambian... pero siempre más despacio de lo imaginarse pueda.
Jesús Lens Espinosa de los Monteros.
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NOBEL
Este año, el Nóbel de Literatura ha sido para... Jean-Marie Gustave Le Clézio.

Reconozco que no me suenan ni el nombre ni los apellidos. La verdad, no me gustaría ser ahora mismo el redactor de cultura de un medio de comunicación.
Seguiremos informando.
Lens, ignorante-perplejo.
PD.- Recibido un estimulante comentario de Antonio Lozano:
Querido Jesús
La concesión del Nobel a Le Clézio es una buena noticia. Aunque es cierto que no es muy conocido en España, es uno de los grandes escritores franceses contemporáneos.

Hace unos meses, el camerunés Raymond Mbassi dio una charla en Granada sobre literatura africana. Él es un especialista en le Clézio, sobre cuya obra hizo su tesis. En su charla de Granada mencionaba una frase del nuevo Nobel:
« Écrire est un métier de solitude, la littérature, un ensemble de forces qui résiste à l'oubli ».
Escribir es un oficio de soledad, la literatura un conjunto de fuerzas que resiste al olvido.
Preciosa frase, ¿verdad? Ya nos va gustando este Nóbel. Gracias, Antonio.
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LA LÁMPARA DE ALADINO

Porque algunas de las narraciones del autor chileno, afincado en Gijón, están entre mis favoritas, de “Mundo del fin del mundo” a “Nombre de torero”. Y porque la Patagonia, para mí, es uno de esos territorios míticos que alguna vez conoceré en primera persona, pero con los que, literaria y cinematográficamente, mantengo un idilio ininterrumpido desde tiempos inmemoriales.

Quiso la casualidad que, en el aeropuerto, y después de facturar por error el libro que tenía pensado leer durante el vuelo, encontrara “La lámpara de Aladino”, recién publicado por Tusquets.

Lo compré y, a bordo del avión, me sumergí en los primeros relatos del tesoro recién encontrado. Y la cosa empezó mejor que bien con “La porfiada llamita de la suerte”, radicada en los mencionados territorios patagónicos y protagonizada por uno de esos personajes propios del realismo mágico más atractivo y sugerente.

Me encantó el juego espacio-temporal y la capacidad de seducción, ucrónica e imposible, de “Café Miramar”, dedicado a la memoria de Naguib Mahfuz y, a través de “Hotel Z”, me trasladé a ese otro espacio desmesurado, feraz, salvaje y loco que es la selva amazónica, con esos árboles que, pura vida, se cuelan por cada rincón de las construcciones humanas. Una naturaleza indomeñable, incontrolable, ingobernable.
La mejor de todas las historias de este libro, por su calado humano y su capacidad de emoción es, posiblemente, “Historia mínima”, desbordante de sutileza y ternura, generosidad y vocación humanista y universalista.
A partir de ahí, sin embargo, página setenta del libro, “La lámpara de Aladino” parece empezar a perder aceite y su llama va menguando para brillar cada vez con menos intensidad. Sinceramente, parece que Sepúlveda haya rescatado algunos relatos de juventud para completar un mínimo de páginas que permitieran a la editorial publicar el libro. Cositas como “¡Ding-dong, ding-dong, son las cosas del amor!” resultan ridículas hasta alcanzar cotas insospechadas.
En “La isla” no se transmite ni un ápice de la emoción que supuestamente requiere el relato y la narración criminal “El ángel vengador” tampoco me engancha lo más mínimo. Sí me gusta el relato hiperbreve titulado “El árbol” y ni siquiera ese último cuento que da título a esta desigual obra, “La lámpara de Aladino”, te deja buen sabor de boca.
Un libro, pues, que va de más a menos y que, eso sí, tiene una fotografía de portada de lo más llamativo, con ese humo en forma de genio que sale de la chimenea de la locomotora de un trenecito, el Patagonia Chu Chú, que tan bien nos contara el gran Raúl Argemí. Una fotografía de Daniel Mordzinski que va como anillo al dedo a los primeros cuentos pero que, después, pierde su capacidad de empuje y su efecto de arrastre.
Jesús Lens Espinosa de los Monteros.
Etiquetas: Literatura
EL SÍNDROME DE MOWGLI
Culminamos este fin de semana de derrotas y fracasos con la reseña de esta novela, de la que hablábamos en la columna del viernes de IDEAL. Hace algunos meses reseñábamos una novela de espías, “El factor Einstein”, de Andrés Pérez Domínguez, señalando que se trataba de un excelente ejercicio literario en que se contaba “una historia de largo alcance y amplio recorrido, con unos personajes muy perfilados y una atractiva trama, bien trazada y mejor resuelta.”
Andrés Pérez Domínguez, en primer plano. Foto de La Separata, su estupendo blog. Pero esa ceremonia de exorcismo, en el caso de Rafael, tiene un sentido especial. Porque, para huir del presente, decide refugiarse en el pasado, en un intento de restañar viejas heridas que están muy lejos de haber cicatrizado.
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LA CONJURA CONTRA AMÉRICA
Item más, ¿qué habría ocurrido si Roosevelt no hubiera renovado su mandato y el presidente electo de los EE.UU. hubiera sido el as de la aviación, germanófilo confeso y aislacionista convicto, Charles Lindbergh?
Hace unos días escribíamos sobre “El sindicato de policía Yiddish”, una novela ucrónica de Michael Chabon en que el autor jugaba con la posibilidad de que, tras la II Guerra Mundial, el pueblo judío hubiera sido instalado en Alaska, en vez de ir a Palestina. En los comentarios a la entrada correspondiente de esta Bitácora, un clarividente José Antonio Flores escribía la siguiente verdad: “La historia del mundo, para bien o para mal, pasa en buena parte por la cultura judía.”

Muy cierto. Y por ello, “La conjura contra América”, de Philip Roth, publicada por Mondadori, resulta una lectura apasionante y esclarecedora. Porque la ucrónica elección de Lindbergh como presidente americano y su aislacionismo militante tendrá consecuencias muy directas en la comunidad judía estadounidense.
Los protagonistas de la novela son los miembros de una familia apellidada Roth, y, para más inri, la visión que tenemos de todo lo que va ocurriendo pasa por los ojos del pequeño Philip, un niño de siete años que verá cómo toda su vida se verá afectada por la política gubernamental para con los judíos.
¿Qué es más importante, ser judío o ser norteamericano? ¿Son cuestiones incompatibles? ¿Es bueno o es malo que los integrantes de las comunidades religiosas vivan juntos, en barrios netamente confesionales o es más conveniente deshacer los guetos e “integrar” a los judíos en comunidades WASP del Medio Oeste?
Estas serían, a título de ejemplo, algunas de las preguntas que el lector se va haciendo a medida que entra en los entresijos de la vida ucrónica de los Roth. A lo largo de las páginas de “La conjura contra América” se van planteando situaciones que, sin ser brutalmente dramáticas, obligan a los protagonistas a tomar decisiones. Y al lector, a analizarlas y pensarlas. Y a tomar partido. Sobre la participación en la guerra. Sobre el colaboracionismo. Sobre la resistencia pasiva. El compromiso, la solidaridad, la envidia, la maldad, el arribismo...
“La conjura contra América” es un libro apasionante en que se desgranan algunos de los asuntos capitales del ser humano como animal social, religioso, familiar, patriota y comunitario. Una novela de una intensidad temática extraordinaria, pero escrito con una exquisita sensibilidad y un prodigioso sentido del ritmo.
Uno de esos libros que hacen pensar, que te obligan a tomar partido, a reflexionar sobre tantas y tantas cuestiones que muchas veces damos por supuestas y superadas, pero que la realidad geopolítica circundante se encarga de recordarnos que no. Que, o no han terminado del todo o pueden volver. Que la Guerra Fría todavía se puede calentar, que hay blancos que no admiten que un negro opte a la Presidencia de los EE.UU., que en Cuba, los norteamericanos tienen campos de concentración, que la religión sigue teniendo un peso descomunal en la vida de miles de millones de personas. Etcétera.
Jesús Lens Espinosa de los Monteros.
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LITERATURA ECONÓMICA REFRESCANTE. PARTE II.
Por cierto, ¿nos hemos parado alguna vez a analizar la enorme cantidad de transacciones económicas necesarias para conseguir algo tan aparentemente sencillo como tomarse una taza de café? Tim Harford, en “El economista camuflado”, habla precisamente de esa economía de las pequeñas cosas que nos rodea, que tanto nos afecta y a la que, muchas veces, tan poca atención prestamos.

El libro, publicado en la colección Tiempos de Hoy, de la editorial Planeta, lleva muchos meses situado en la lista de los más vendidos, habiendo constituido un éxito sin precedentes en lo que a literatura económica se trata, al haber conseguido aunar la rigurosidad científica con un estilo ágil y dinámico y, sobre todo, al haber puesto el acento en situaciones comunes, de todos los días, fácilmente identificables por el lector.
Para hablar de las asimetrías de la información, un tema que reportó el Nóbel de Economía de 2001 a Akerlof, Spence y Stiglitz, el autor toma como ejemplos la venta de coches de segunda mano y los seguros médicos. Para hablar de cargas impositivas, Harford pone como ejemplo el tráfico, analiza los precios y tácticas de los supermercados a la hora de plantear sus técnicas de ventas, además de explicar, paso a paso, cómo se diseñó la que terminaría siendo la subasta más cara de la historia.
El propio Harford acaba de publicar, en la misma editorial Planeta, “La lógica oculta de la vida”, subtitulado de una forma radicalmente contundente: “Cómo la economía explica todas nuestras decisiones”. Siguiendo el mismo estilo de “El economista camuflado” y haciendo referencia a otros de los autores citados en estas líneas, Harford apela a la racionalidad del ser humano hasta en la toma de decisiones más supuestamente pasionales y emocionales, incluyendo las relaciones amorosas o la comisión de un crimen.
Así, si un refresco de cola sube de precio, las ventas de su más directo competidor subirán en adecuada proporción. Pero esta premisa, que tan lógica es desde un punto de vista financiero, también es válida para otras muchas situaciones de nuestra vida como, por ejemplo, si es mejor comprarse un televisor de plasma antes de la Eurocopa o esperarse al final de las Olimpíadas de Pekín, cuando supuestamente bajarán de precio.
En un sentido muy parecido, e igualmente con un gran sentido del humor y de la lógica, Tyler Cowen nos hace una de esas ofertas que resultan tan difíciles de rechazar: “Descubre al economista que llevas dentro”, editado por Planeta y que se basa en el concepto de los incentivos, de cara a su utilización en facetas corrientes y habituales de nuestra vida, desde el amor y las relaciones de pareja a las reuniones de trabajo e, incluso, para conseguir que el dentista no te haga daño mientras te aplica el torno a las muelas.
Cowen, cuyo blog económico http://www.marginalrevolution.com/ es uno de los más visitados y seguidos del mundo, parte de una tesis muy concreta: no todo se puede comprar con dinero. En muchas de las facetas de nuestra vida, el dinero ocupa un lugar secundario y, por tanto, para influir en las personas, es necesario utilizar estímulos e incentivos que vayan más allá de lo meramente monetario. Un libro altamente interesante repleto de referencias a películas, webs, discos, libros y blogs que hacen de “Descubre al economista que llevas dentro” uno de esos títulos globales de largo y hondo alcance.
La economía, como vemos, no tiene porque ser una disciplina árida y abstrusa y los libros económicos no tienen porque ser ajenos a la realidad que nos rodea. Rifkin, Lewitt, Cowen y Harford así lo demuestran. Libros rigurosos, serios e ilustrativos cuya lectura, sin embargo, resulta divertida, agradable y muy esclarecedora. Con libros así, aprender de economía es un auténtico placer.
Jesús Lens Espinosa de los Monteros.
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