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¡MARCHAMOS!

Nada más terminar la Media Maratón de Granada escribí unas palabras, bajo el título de “Maratón”. Que tiene mucho que ver, aunque sea otro deporte, con los Cuaversos de Bitácora de hoy viernes: Nunca caminarás solo.



Las mandé a mis amigos corredores y les gustaron, por lo que las han colgado en esa estupenda bitácora colectiva de nuestra agrupación atlético-festiva, Las Verdes.

Pero, después de volver a ver la película “300”, el pasado fin de semana, le cambiamos en título y lo dejamos convertido en este “¡Marchamos!”

No sé si, ahora, escribiría lo mismo o de la misma manera. El espíritu de los espartanos, es que resulta de lo más contagioso.




Pero, dejando atrás titubeos, dudas o inseguridades, lo suscribimos. Palabra por palabra.

A ver qué les parece: ¡Marchamos!

Jesús Lens.

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CUAVERSOS: NUNCA CAMINARÁS SOLO

Previa: Tienen una encuesta, en la Margen Derecha, sobre estas iniciativas: Liblogs y Cuaversos. Mójense.
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Entrada dedicada a Barak Obama. Ojalá que nunca camine solo.
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No se lo tomen a mal ni piensen que yo me lo he tomado a coña. Cuando nuestro hermano Bomarzo dictaminó que serían los miércoles los días dedicados a los Cuaversos de Bitácora, esto es, cuando dedicaríamos un hueco de nuestras bitácoras a la poesía, no pude evitar que las conexiones neuronales me llevasen al inequívoco aroma y sabor a Champions League, la antigua Copa de Europa de fútbol.


Y, precisamente, por estar muy españolizado y por jugar contra el Atlético de Madrid, el equipo más poético de nuestro fútbol, hoy se habla mucho del mítico Liverpool inglés.

Un club que se ha hecho famoso, además de por sus títulos, sus goles y su juego, por un himno. El célebre “You´ll never walk alone”.

Nunca caminarás solo.

Se trata de una canción compuesta por Richard Rodgers y Oscar Hammerstain II para su musical “Carrusel”, representado primero en Broadway y convertido posteriormente en película.

La canción fue aclamada, sobre todo, en la II Guerra Mundial, cuando la gente recordaba a sus familiares, movilizados en los campos de batalla de medio mundo, no en vano, la letra insiste en que siempre habrá a nuestro lado un amigo en el que apoyarnos, aunque todo vaya mal.

Cantada por artistas como Frank Sinatra o Elvis Presley, “Nunca caminarás solo” fue grabada por Gerry & The Peacemakers, un grupo de barrio de Liverpool en 1960, escalando hasta el número 1 de las listas, donde permaneció muchas semanas. Los aficionados del Liverpool la hicieron suya y, desde entonces, la cantan antes de todos los partidos, para animar y apoyar a sus jugadores.


Impresiona, escuchar a la afición de los Reds, en Anfield, todos a una, gritar a voz en grito esta canción:

When you walk through a storm,
Hold your head up high,
And don’t be afraid of the dark.
At the end of a storm,
There’s a golden sky,
And the sweet silver song of a lark.
Walk on through the wind,
walk on through the rain,
Though your dreams be tossed and blown..
Walk on, walk on, with hope in your heart,
And you’ll never walk alone.
You’ll never walk alone.
Walk on, walk on, with hope in your heart,
And you’ll never walk alone.
You’ll never walk alone.

Una traducción libre podría ser ésta:

Cuando camines atravesando una tormenta
Mantén bien alta la cabeza
Y no te preocupes por la oscuridad.
Al final de la tormenta
Hay un cielo dorado
Y el dulce y argénteo canto de una alondra.
Camina a través del viento,
Camina a través de la lluvia.
Aunque tus sueños se vean sacudidos y golpeados,
Sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazón.
Y jamás caminarás solo.
Nunca caminarás solo.
Sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazón
Y jamás caminarás solo.
Nunca caminarás solo.

¿Es o no es poesía? No lo sé.

Personalmente, me gusta y me emociona. Por el público enfervorizado, claro que sí. Pero también por la rotundidad de esa declaración de amistad.


Me gusta creer en ese estribillo.

Y pronto, muy pronto, volveremos a hablar de ello.

Porque hoy, marchamos.

Y, si me permiten, vuelto a parafrasear a Luis García Montero que, en “Vista cansada”, tiene un poema titulado “Domingo por la tarde” que termina con la siguiente estrofa:

“No conviene que demos a estas cosas
un valor excesivo.
Son noventa minutos en un vaso de agua.
Pero a mí me han quitado muchas veces la sed.”

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

BOYERISMO

“Es imperdonable que en las tiendas de este país sólo se pueda encontrar en DVD (y desde hace un mes) la primera temporada de una obra de arte llamada The wire cuando hace tiempo que en Estados Unidos exhibieron la quinta y última temporada.


Que no conozcamos el desenlace de ese complejo y grandioso western titulado Deadwood.


Que presumiblemente haya que esperar un tiempo intolerable para disfrutar sin interrupciones, en tu soledad (deja de morder, desaparece si tienes a mano una serie genial) o en elegida compañía, los bergmanianos infiernos de En terapia o el aroma a cine hipnótico y perturbador que desprende Mad men.”

¿Entienden por qué adoro a Carlos Boyero?

Jesús Lens.

EL TÍO SAM ANTE LAS CÁMARAS. PARTE II

Subimos a esta bitácora, el día de las elecciones americanas, la segunda parte del reportaje publicado en IDEAL sobre los presidentes americanos televisivos. Así arrancaba “El tío Sam ante la cámara” y, si recuerdan, terminábamos hablando de Bill y Hillary. Por ahí seguimos. ¿Qué les parece la conclusión del reportaje, a todo esto?.

En “Presidente por un día”, en fin, la pareja formada por Kevin Kline y Sigourney Weaver se reían a mandíbula batiente del affaire Lewinsky, la becaria más famosa de la historia, en una sátira que, siendo divertida, no buscaba hacer sangre.


Pero no todo son demócratas en la filmografía presidencial yanqui. En “Ciudadano Bob Roberts”, un impresionante Tim Roberts dirigió e interpretó la historia de un cantante folk que, ataviado con sombrero de ala ancha y armado con una guitarra, se lanzaba a una teóricamente imposible carrera como senador, detrás de la que se agazapaba una trama racista, militarista y económicamente elitista, tal y como descubrió un desconocido periodista. Filmada con la apariencia de documental, la película sirvió para descubrir a un comprometido Robins que, en su faceta como director, rayó a la altura de su ya apreciable carrera de actor.




Pero volvamos a los padres fundadores de la patria norteamericana. Comenzábamos esta semblanza cinéfilo-presidencial habando de una serie de televisión, “John Adams”. En ella, aprovechando que se repasa pormenorizadamente la biografía del segundo presidente de los EE.UU. asistimos a la independencia del país, a la redacción de la Constitución y a las tensiones entre los Estados y el poder central. Y, por supuesto, en todo ello participaron Washington y Jefferson, primer y tercer presidentes americanos, respectivamente.

En “Jefferson en París”, James Ivory ya trabajó sobre la figura de una persona a la que Adams definiera como “una contradicción andante”, posiblemente la figura más interesante, novelesca o cinematográfica de aquella transición económica y política en el Nuevo Mundo. Sobre Washington también hay algunas series y películas, como “George Washington: la leyenda”, en que Jeff Daniels interpretaba al famoso general.



Sin embargo, fue Abraham Lincoln el presidente americano que más proyección tuvo en las pantallas de cine, desde que el mismísimo y pionero D.W. Griffith filmara su apasionante historia. John Ford, por su parte, filmó “Prisionero del odio” y “El joven Lincoln”, basándose en una figura histórica que le apasionaba especialmente. Y, mirando adelante, Steven Spielberg ha anunciado varias veces su intención de revisitar el mito, con Liam Neeson como protagonista.



LA OBSESIÓN PRESIDENCIALISTA DE OLIVER STONE

Ya hablamos anteriormente sobre el asesinato de Kennedy y las repercusiones que tuvo en la sociedad americana. La película que con más lujos de medios intentó arrojar luz al magnicidio de Dallas fue “JFK”, dirigida por Oliver Stone, que se había hecho famoso al ganar el Óscar con su drama bélico “Platoon”.



A través de un ingente reparto coral y de un preciosista ejercicio de montaje, “JFK” es una extraordinaria película que pareció abrir una especie de obsesión presidencialista en su director ya que, después de trabajar sobre Kennedy, Stone ha filmado las biografías de Richard Nixon y del propio George Bush Jr.

Comenzando por esta última, diremos que ya antes de su estreno, “W” viene revestida de una agria polémica, no en vano, el estreno europeo iba a producirse en el Festival de Roma y el mismísimo Silvio Berlusconi ha censurado su proyección. Promete ser, por supuesto, una película que dará mucho que hablar y que nos permitirá a los periodistas derramar litros de tinta.

Tras el fulgurante éxito de “JFK”, Stone fichó a Anthony Hopkins para que le ayudara a componer a un Nixon amargado, alcoholizado y paranoico. Una película oscura, tibiamente acogida por la crítica y a la que el público dio la espalda, quizá porque sobre el famoso Watergate, el listón que pusieron Robert Redford y Dustin Hoffman en “Todos los hombres del presidente” ya estaba demasiado alto.



Y, sin embargo, estos retratos de los políticos en activo resultan de lo más estimulante. En Francia o en Inglaterra, diversos cineastas se han acercado a las figuras de Mitterrand o de Margareth Thatcher. Incluso al de la reina Isabel II. ¿Y en España?

En España nada de esto es posible. ¿Por la baja talla intelectual, moral o histórica de nuestros presidentes? ¿Por cobardía? O quizá pensamos que al público no le interesarían... El caso es que en nuestro país, a lo más que llegamos es a esos documentales hagiográficos y de medio pelo, de encargo, cuyo único fin es ensalzar al personaje de turno, pero nunca analizar las luces y las sombras de sus vidas, públicas y privadas. Lo que en el paraíso del Tomate y la telebasura debería darnos que pensar.



Y, desde luego, por si alguien lo dudaba, la fiebre presidencialista no remite en el país norteamericano: en la nueva película de Philip Noyce, Tom Cruise sería un joven presidente que, a su llegada a la Casa Blanca, se tiene que enfrentar a un singular complot, película que contaría también con la presencia de Denzel Washington.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

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CUAVERSOS DE BITÁCORA

Hay que sumarse, entusiastas, a la idea que lanza nuestro hermano Bomarzo: “Cuaversos de Bitácora” o, lo que es lo mismo, miércoles poéticos en la blogosfera.


Como sabéis, la iniciativa de los Liblogs está funcionando muy bien. Así que, nos preguntamos ¿por qué no vamos un paso más allá, mezclando esto del Internet con los libros, la literatura y la creación literaria?

Tal y como propone Bomarzo, vamos a dedicar un día a la semana, en concreto los miércoles, a la poesía. Y, como en los Liblogs, lo haremos de la forma más sencilla: cada uno subirá una entrada que contenga un puñado de versos.

Pueden ser de fabricación propia o totalmente ajenos. De poetas famosos, inéditos, vivos o muertos. Admirados, reverenciados, odiados o detestados.



Lo importante: que los miércoles, en esta parte de la blogosfera, se lea un poquito en verso. El ejemplo de Ángel González de este fin de semana nos demuestra que hay hambre de poesía.

Y quién (todavía) no tenga Blog, que prepare sus versos para los comentarios de las bitácoras de los demás. O que provea de versos a los dueños de las mismas.



El caso es, los miércoles, fomentar estos atractivos “Cuaversos de Bitácora”.

Amigos, ¡anímense!

Ya saben. Los miércoles ¡Versea, versea!

Jesús Lens, recogiendo el guante de Bomarzo.

PAISAJES DE MI VIDA

Haciendo recuento de los países que he visitado hasta le fecha, me salían treinta, aproximadamente. A medida que los cuantificaba, intentaba acordarme de momentos y vivencias de cada uno de los viajes que hice. Y no es fácil. El tiempo tiende a confundir, mitigar y mezclar recuerdos. Máxime, cuando a algunos países he ido en ocasiones diferentes y con personas distintas, en momentos vitales igualmente diferentes.

Bar Bozo. Mopti. Un amigo, dibujando en mi cuaderno de viajes

Hace unos días, una amiga me mandaba su plan de viaje para Etiopía. Nombres como Arba Minch, Jinka, Addis Abeba o Lalibela me volvieron a la cabeza, como un torrente, máxime porque no hacía mucho que estuve revisando fotos de aquel viaje, para el Picasa que tienen ahí, en la Margen Derecha.



Niñas Hammer. Turmi. Etiopía.


Me gustaría volver a mis viajes. Me apetece. Estoy barajando qué hacer en Navidad, pero en estos momentos me quedo con la serenidad de la reflexión, el recuerdo y la evocación, antes que con los proyectos y los planes más inmediatos.

Y para ello, voy a intentar utilizar un sistema inédito hasta la fecha: seleccionar una ciudad, un pueblo, un rincón, un paisaje, una región especial de cada uno de los países visitados, intentando explicar el porqué de dicha elección, en relación con aquel viaje en concreto y con el resto del país.

En algunos casos, viajes fugaces, rápidos y directos, la cosa será bien sencilla. En otros, mucho más complicada. Tanto que, incluso, tendré que hacerme trampas a mí mismo. A Marruecos, por ejemplo, he viajado varias veces. ¿Cómo no hablar de Chefchauen? ¿Cómo no recordar las dunas de Merzouga?


Aquí empezó todo...

Pero voy a procurar ser honesto y, de cada país, sólo elegir un lugar, intentando, además, no repetirme con algunas de las cosas que ya hemos escrito de viajes, procurando ser original y no ir a sitios de los que fácilmente se puede saber a través de una guía de viajes. Buscar ángulos insólitos, perspectivas personales y diferentes.

Lo primero debería ser, por supuesto, una lista. ¡Ay esas listas que tanto nos gustan! A ver si soy capaz de elegir un lugar para cada uno de esos treinta países y, después, “obligarme” a escribir una entrega quincenal sobre esos viajes, de forma que, aprovechando los fríos del otoño y el invierno granadinos, tengamos una ventanita abierta a esos espacios que proporcionan los viajes.


Finisterre. El fin del mundo...

Porque los viajes se viven, ¡tantas veces lo hemos dicho!, no sólo mientras viajamos, sino antes y después de emprender y terminar el periplo. Escribir sobre los viajes es una forma de revivirlos, reeditarlos y reivindicarlos.

Vamos con la lista, en la que, como digo, procuraremos no “ir” a los sitios más tópicos, aunque a veces será inevitable. Una selección que, como me conozco, iré cambiando y variando una y otra vez, a medida que vea fotos, lea libros o revistas o charle con los amigos.


Además, como quedará inconclusa, habrá que ir completándola poco a poco.

Se admiten, se necesitan y se requieren comentarios, propuestas y sugerencias, por supuesto.

La lista:

España: Finisterre.
Portugal: Oporto.
Francia: Saint Jean Pied de Port.
Bélgica: Grand Place de Bruselas.
Alemania: Museo del cine de Berlín.
Italia:
Irlanda: Cong (Innisfrie) y las Islas de Arán.
Inglaterra:
Croacia:
Montenegro: Kotor.
Serbia: Danubio.
Bosnia-Herzegovina: Sarajevo.
Eslovenia:
República Checa:
Hungría:
Austria: Dorotheum.
Marruecos: Chefchauen y Merzouga.
Senegal: Saint Louis.
Malí: Tombuctú.
Burkina Faso:
Tanzania: Kilimanjaro.
Etiopía: Turmi.
Egipto: Las Pirámides.
Turquía:
Jordania: El Mar Muerto.
Yemen: Shibam
Arabia Saudí: El desierto.
Siria: La frontera con Irak.
China: La perla de Oriente.
México:
Guatemala: La lava de un volcán vivo.

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IMBÉCIL

No sé que les parecerá este nuevo ejemplo de cartel, que incorporamos a nuestra galería y que nos llega vía Zaragoza, gentileza de José Antonio, pero a mí me provoca sentimientos contradictorios.



En general, procuro putear lo mínimo. De ser negro, estoy desteñido. Marica, por el momento, creo que no. Moro... poco, me temo. Sudaca... literario, sí. Mujer... demasiado alto.

Por tanto, soy diferente.

Por tanto... ¡soy imbécil!

Y, aunque, quizá, el cartel debería irritarme y cabrearme... pues no.

Me gusta.

Una buena forma de provocar y llamar la atención.

¿Será por eso, porque no me disgusta, que soy imbécil?

Lo hablamos.

Jesús Lens.

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YA SÓLO HABLA DE AMOR

La soledad se aprende y se conquista,
Aunque llegue a nosotros
Como revelación inesperada
De una tarde que juega con la lluvia.

Luis García Montero.
Vista cansada.

Ray Loriga es un tipo con buena prensa. Y con mejor imagen. Siendo uno de los malditos de nuestra literatura, francotirador, outsider y demás calificativos que lo emparentan con los narradores norteamericanos más vanguardistas; cae bien. Se le respeta.


Personalmente, también me gusta Loriga. Su imagen. Su apuesta por una literatura distinta y a contracorriente. Y su valentía por dar un salto en el vacío y lanzarse a rodar una película como “La pistola de mi hermano”.



De hecho, todavía recuerdo el arranque de su novela “Lo peor de todo”, hablando de aquellas cruces que teníamos que hacer en las clases de plástica, con las pinzas de madera de la ropa. Generacional y literariamente, conectaba con Loriga. ¡Coño, no sólo eso sino que le admiraba y le envidiaba!

Además, estaba casado con Cristina Rosenvinge, una cantante, músico y presentadora de televisión muy atractiva que, de formar parte del dúo infantil Alex y Cristina, evolucionó hacia una música madura, interesante, adictiva.



Toda esta introducción viene a cuenta de que, cuando vi que Ray Loriga había publicado una nueva novela, titulada “Ya sólo habla de amor”, y que estaba motivada/inspirada en su separación de Cristina, pensé que ésa era mi novela para estos momentos, exactamente el libro que, por razones personales, debería de leer.

Apuré las páginas que me quedaban de “Bomarzo” y le metí mano a esta “Ya sólo habla de amor”, esperando encontrar un pedazo del alma rota de un escritor al que me siento muy vinculado. Esperaba, en su prosa, trozos de la realidad que me viene rodeando estas semanas. Estaba seguro de que habría una indudable identificación con los personajes, sus situaciones vitales, sus angustias, sus anhelos.



Estos meses, mis amigos cercanos lo pueden acreditar, soy una pésima compañía. Procuro evitar a la gente, para que ellos no terminen evitándome a mí. Y pensé que, en la prosa de Loriga, iba a encontrar una buena aliada con la que compartir penas, tristezas y lamentos, hablándonos de tú a tú.

Pero no. La decepción ha sido mayúscula. Aunque la novela arranca bien, con ese personaje que, solo y abandonado, sólo habla de amor; pronto se va deslizando por una pendiente que no me gusta nada, en una especie de tono lastimero sin la más mínima grandeza. Yo esperaba encontrarme con los personajes de las canciones de Tom Waits y, sin embargo, me topo con un remedo de Ignatius Really, patético, pero sin majestuosidad alguna. Esperaba coincidir con barflys aniquilados por las circunstancias de la vida, pero lúcidos e interesantes, lamiéndose unas heridas en vías de convertirse en cicatrices.



Y no. Sebastián, el protagonista de la novela, es un pijo venido a menos, huidizo, escurridizo y carente de todo interés. ¿Será que todos los que ya sólo hablan de amor son igual de aburridos y poco atractivos? Es posible. Y quizá, por eso, no me ha gustado la novela. Quizá, a lo mejor, para ser justos, hay que darle una segunda oportunidad en otro momento distinto de la vida.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

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ÁNGEL

Apenas leo poesía. Es como si alguna fuerza maligna me alejara de ella. Hasta su formato, los versos, me condicionan la lectura. Paso por encima de ellos, casi sin fijarme, como si la brevedad de los renglones me urgiera.



Por ejemplo, si en una novela aparece intercalado un poema, aunque mi vista lo lee, mi consciente parece evadirlo, ignorarlo. No me deja poso. Tengo que volver una y otra vez a leer cada verso, cada palabra, haciendo un inusual ejercicio de concentración.

Nunca he sabido el porqué de ello.

Y, sin embargo, cuando he estado en Semana Negra y he escuchado los recitales de poesía de la madrugada de los jueves, muchas cosas se me han removido por dentro. La magia que desprendían las palabras del añorado Ángel González y Luis García Montero se hacía palpable, densa y corpórea en esa abarrotada Carpa de Encuentros.



El viernes, una amiga me envió un poema.

Y esta vez, no me costó leerlo. Porque escuchaba la cadencia de la voz de su autor, como si lo estuviera recitando, como si me lo estuviera leyendo.

Leía las palabras de “El otoño se acerca” y veía a Ángel, en la terraza del Don Manuel, sentado en la mesa más cercana a la puerta, con su barba blanca, delgado, sonrisa gentil en los labios, fumando, bebiendo un whisky.



Una inmejorable forma de pasar un fin de semana.

EL OTOÑO SE ACERCA
Angel González

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
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Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
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Y lo perdimos para siempre.




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EL TÍO SAM ANTE LA CÁMARA

Dejamos la primera parte del reportaje que hoy publicamos en IDEAL sobre Presidentes yanquis y su reflejo en cine y televisión.

Aunque Bush Jr. podría parecer la excepción que confirma la regla, ser Presidente de los EE.UU. ha de resultar tremendamente complicado, estresante y, cómo no, adictivo. Así lo sostiene John Adams en la biografía que le ha dedicado la cadena de televisión HBO y que se ha hecho acreedora un buen puñado de Emmys hace unas semanas: “Cuando se disfruta del poder es muy difícil dejarlo.”



A lo largo de su historia, el cine y la televisión se han ocupado de presentarnos a la figura del Presidente de los Estados Unidos desde muchas y muy variadas perspectivas. Del biopic supuestamente serio, documentado y riguroso, cuyo más reciente ejemplo sería la sensacional “John Adams” interpretada por un ajustado Paul Giamatti en estado de gracia, a las historias de política ficción en que la figura del Presidente adopta una filiación totalmente inventada, aunque alguno de sus rasgos estén más o menos basados en personajes conocidos y reconocibles.


Así Harrison Ford, el rudo presidente que derrota a los terroristas que secuestran su avión en 'Air Force One' (1997), ha salido elegido como el presidente cinematográfico que a la gente le gustaría que liderara EE.UU. En segundo lugar aparece otro mandatario de armas tomar: Morgan Freeman en 'Impacto Profundo' (1998). La tendencia, en general, es preferir a los presidentes que se enfrentan a duros conflictos en la pantalla. Otros que figuraron en la lista fueron Bill Pullman en 'Día de la Independencia' (1996), James Cromwell en 'La Suma de Todos los Miedos' (2002), Jack Nicholson en 'Mars Attacks' (1996) y 'Jeff Bridges en La Conspiración' (2000).

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Realidad y ficción se retroalimentan de tal forma que, sin ir más lejos, parte del éxito de Obama se atribuyó al éxito televisivo de la serie “24” en la que el célebre agente Jack Bauer salva al mundo de diversas hecatombes y atentados terroristas, estando a las órdenes de dos presidentes diferentes, ambos de color, hermanos en la ficción: David y Wayne Palmer.

Hablando sobre el ya conocido como “Efecto Palmer”, el actor Dennis Haysbert sostenía que el hecho de que en una serie del prime time se mostrara a un presidente negro, bueno y honesto, allanó la nominación de Obama, no en vano, el personaje al que interpretaba enseñó “cómo sería América si su presidente fuese un hombre negro, y lo que vieron los espectadores, les gustó.”



Sin embargo, George Bush Jr., el presidente saliente, no ha tenido tanta suerte en su “carrera” cinematográfica. Después hablaremos de “W”, la película que sobre él acaba de filmar Oliver Stone, pero no tenemos más que recordar las célebres y celebradas bufonadas de Michael Moore para sentir una cierta vergüenza ajena de Bush hijo. ¿Le recuerdan en aquella demoledora secuencia, leyendo un cuento en una escuela, cuando le comunican el atentado del 11-S, y su incapacidad de reaccionar hasta que sus asesores lo sacan a escape del aula? Tremendo.



Pero es que, además, al pobre hombre lo han “asesinado” en una controvertida película presentada en el pasado Festival de Toronto. Producido por el Canal 4 británico, “La muerte de un presidente” es un falso documental de noventa minutos en que se cuenta el teórico asesinato de Bush mientras da un discurso en una Chicago convulsa por las protestas contra la guerra de Irak, seguida de la posterior investigación del atentado, relacionada con la llamada Guerra del Terror desatada por el presidente americano en Oriente Medio.



Y es que en Estados Unidos, el tema de sus magnicidios presidenciales ha hecho revelar kilómetros y kilómetros de celuloide, con el asesinato de John Fitzgerald Kennedy como estrella, por supuesto. Son numerosísimas las películas que han tocado dicho tema. Reseñaremos una de las más recientes, “Cita con la muerte”, muy polémica porque defiende la tesis de que el único culpable del atentado de Dallas fue el régimen cubano castrista.


Un asesinato, el de Kennedy, tristemente cinematográfico al haber quedado recogido en la célebre película que Abraham Zapruder filmó con su cámara casera y que ha sido analizada hasta la saciedad por todos los estamentos policiales, judiciales y gubernamentales de los Estados Unidos.

Emilio Estévez, por su parte, presentó su película “Bobby” hace unos meses. En ella se recrean los acontecimientos que desembocaron en el asesinato de otro Kennedy, Robert F., aspirante a conseguir la nominación presidencial. La película cuenta las vivencias de las veintidós personas que estaban en el Hotel Ambassador el día 6 de junio de 1968 en que el senador fue tiroteado. Protagonizada por un impresionante elenco de intérpretes, de Anthony Hopkins y Elijah Wood a Helen Hunt o Demi Moore, la película tuvo una excelente acogida por parte de la crítica, aunque el público no respondió con el mismo entusiasmo.



Quiere la casualidad que Emilio Estévez sea hijo de Martin Sheen (Ramón Estévez, en su galleguiña acepción original), quién, a su vez, ha interpretado a Josiah Bartlet en la conocida y reverenciada serie “El ala oeste de la Casa Blanca”, cuyas siete temporadas han sido acreedoras de tres Globos de Oro y veintiséis Premios Emmy, un récord compartido con la no menos famosa y añorada “Canción triste de Hill Street”.



Lo más destacable de esta serie de televisión es el acendrado realismo con que se cuenta el funcionamiento del gobierno norteamericano, a través de un amplísimo relato coral en que una supuesta administración demócrata queda retratada con pelos y señales siendo, además, extrañamente profética con muchas de las cosas que estarían por venir en el ámbito de la política yanqui de los últimos años.

Pero volvamos a los presidentes reales. En “Colores primarios”, John Travolta interpretó a un político llamado Jack Stanton que, más que parecerse a Bill Clinton, era Bill Clinton. Y Emma Thompson, una más que creíble Hillary. En la película, muy polémica y basada en un libro escrito por un enigmático Anónimo, se cuenta la carrera del gobernador de un estado sureño que lanza a la conquista de la Casa Blanca, para lo que se rodea de un inmejorable equipo de asistentes y ayudantes. Los problemas comienzan, realmente, cuando el candidato deja embarazada a la hija de un íntimo amigo suyo, afroamericano, y el equipo del gobernador ha de ingeniárselas para tapar la historia...



Casualmente y de forma premonitoria, en “Cortina de humo”, dirigida por Barry Levinson, un asesor de la Casa Blanca interpretado por Robert de Niro contrata a un estrafalario productor de Hollywood, al que da vida Dustin Hoffman, para que se invente una supuesta guerra en Albania y, de esa manera, se distraiga a la opinión pública de un escándalo sexual protagonizado por el presidente de la nación.

Y la esposa de Bill, candidata a la nominación demócrata hasta hace unos meses, tampoco sale muy bien parada en la polémica “Hillary. The movie”, en la que presentan de semejante guisa a la paciente esposa del ex presidente: “La senadora tiene una extraordinaria habilidad para ofuscarse, rehusar el responder preguntas, evitar confrontaciones y hasta ahora, ha conseguido pasar por encima de todo ello.” Ilustrativo, ¿verdad?

CONTINUARÁ

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